«La fe es fruto del alma, no del cuerpo. Por tanto, quien quiere llevar a otra persona a la fe necesita la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente, y no recurrir a la violencia ni a las amenazas. Para convencer a un alma razonable no se necesita la fuerza del brazo, ni armas de ningún tipo, ni ningún otro medio con el que se pueda amenazar a una persona de muerte». 1
«La autolimitación moderna de la razón, expresada clásicamente en las “críticas” de Kant comporta que las cuestiones propiamente humanas, es decir, de dónde venimos y a dónde vamos, las cuestiones de la religión y de la ética, no pueden encontrar sitio en el ámbito de la razón común. El sujeto decide entonces, a partir de sus experiencias, lo que considera admisible en el ámbito religioso y la conciencia subjetiva se convierte, en definitiva, en la única medida de la moral». 2
«La razón no salvará el mundo si se cierra a las grandes cuestiones de la verdad y de la fe. Occidente corre el peligro, precisamente por esta limitación de su propia razón, de sufrir un gran daño… No se trata de dar marcha atrás ni de hacer una crítica negativa, sino de ampliar nuestro concepto de razón y de su uso. Aceptando este gran logos es como invitamos a nuestros interlocutores al diálogo de las culturas». 3
Benedicto XVI afirma magistralmente en Ratisbona, que «la fe es fruto del alma, no del cuerpo». Dado que Dios actúa conforme a la razón, actuar contra la razón es contrario a la naturaleza de Dios. Esto sitúa a Ratzinger como uno de los grandes defensores de la libertad de conciencia y de religión. Para convencer a un alma no se necesitan las armas, el miedo ni la coacción del Estado, sino «la capacidad de hablar bien y de razonar correctamente». El cristianismo que presenta Benedicto XVI no compite con la libertad del hombre; al contrario, exige que el acto de fe sea completamente libre, fruto de una «fe madura« nacida de la amistad personal con Cristo. El itinerario del Papa Ratzinger no concluye en una queja nostálgica. Su propuesta para el siglo XXI no consiste en «dar marcha atrás» en la historia ni en negar los progresos de la ciencia, sino en «ampliar nuestro concepto de razón». La razón técnica y positivista es útil, pero se ha quedado pequeña para las necesidades existenciales de la humanidad. Occidente corre el riesgo de sufrir una parálisis moral si se divorcia de sus raíces espirituales. Solo recuperando el «gran logos» —una razón abierta a la trascendencia, a la filosofía y a la fe— se puede salvar la dignidad del hombre.
1 Benedicto XVI. Discurso en el encuentro con los representantes de la ciencia en el Aula Magna de la Universidad de Ratisbona. Ratisbona (Alemania), 12 de septiembre de 2006. Acta Apostolicae Sedis 98 (2006), pp. 728-739.
2 Ibidem.
3 Ibidem.

